Meandros del Calders en BTT: Descubrimiento de la bici


Después de nuestro intento fallido de pasar el finde en el Berguedá debido a las bajas temperaturas, nos levantamos el domingo cuando ya el sol comenzaba a  pegar en el Vallès Occidental. Viendo que el dia había salido estupendo, decidimos coger el libro de rutas y buscar algo cerquita de casa ¿Y dónde mejor que Sant LLorenç de Munt para probar las verdaderas cualidades de la BTT? Allí fuimos escogiendo una ruta que en el libro “50 itineraris en BTT per Catalunya” aparece como de nivel 2 y que, a mi modo de entender, debería ser media, no por el desnivel sino por la orientación del recorrido. Aún llevando el mapa de Alpina, perdimos la pista en varias ocasiones, teniendo que volver atrás para coger la correcta.

La ruta que comienza junto a la BV-1221, la recortamos comenzando en el Coll de la Caseta, donde dejamos el coche. El itinerario transcurre por las carenas y bosques que rodean el norte del parque, llenos de afluentes del rio Calders que, este fin de semana, iba a ser nuestra sorpresa.

Así, nos dirigimos desde el coche por la B-124 al Coll de les Lligabosses, muy conocido entre los ciclistas, por esta carretera que, en estos kilómetros resulta ser muy poco transitada y de poca pendiente. En el km 28, dos pistas salen a la izquierda de la carretera, subiendo nosotros por la que tenia más pendiente. La ruta pintaba compleja por las mil bifurcaciones que cada medio kilómetro había que decidir por dónde continuar (Recomiendo fervientemente llevar la descripción de la ruta propuesta por el libro ya mentado ya que con el mapa de Alpina a penas se distinguen la mitad de los cruces.

La pista escogida discurre por la carena donde se sitúa la blanca Ermita de Sant Pere Màrtir. A partir de este momento se inicia una fuerte bajado con tramos técnicos (No aptos para una iniciada en la BTT como yo) que nos llevó hasta el rio Calders. Literalmente, porque nos encontramos con la pista cortada en seco y el rio que cruzaba en toda su anchura. Pensando en cómo cruzar, la opción más evidente fue la elegida: sacarnos las zapatillas y , bici a cuestas, cruzar el río intentando no resbalar. (He de decir que Carlos volvió a por mi bici, aún no estoy tan en forma) J  Allí nos tomamos un respiro y continuamos por la pista que nos llevó a campos de cultivo de cereales entre las colinas de la zona. La vista era impresionante y guardaba este pequeño tesoro dentro del parque de Sant Llorenç, el castillo de Calders.

Bordeando la colina de las ruinas, nos encontramos con el Molino de la zona y, de improviso, volvimos a aparecer al lado del rio para volver a cruzarlo, esta vez, mucho más cortito el paso. En este punto, subiendo una corta y dura rampa, el libro no deja claro el camino de la bifurcación que teníamos delante: del texto se entendía que teníamos que descender pero cuál fue nuestra sorpresa (otra vez) allí estaba el río de nuevo y, esta vez, no era un paso sencillo precisamente pues quedaba al lado de una caída de agua y el caudal era bastante más abundante. Decidimos pues volver atrás por el camino que habíamos dejado a la izquierda que comenzó a ascender hasta formarse un pequeño corriol en medio de una pedrera (Total, que una parte la hicimos a pie) y llegamos a mitad de la carena, a otra bifurcación. Esta vez ya no seguimos el libro sino que la intuición de Carlos nos decía que dejáramos la pista principal para tomar el marcado con la X. Parecía técnico al comienzo pero después se convirtió en llano y lleno de árboles caídos (Sesión de peripecias bici-pie- rodillas)

La orientación, si sabes usarla, no falla, y acabamos en una gran pista que marchaba hacia más de l’Estrada y que nos volvía a llevar al camino seguido por le itinerario del libro, que ya sólo nos quedaba seguir la pista principal, primero subida, donde llegamos a un tramo de la vertiente norte de la carena donde pudimos disfrutar de la impresionante vista de los Pirineos, aún nevados.

Después de una bajada prolongada, hicimos el tramo más duro (¡Ya queríamos llegar al coche y teníamos hambre!) por la pista que asciende hasta el Coll de les Lligabosses, pista en buen estado pero muy descubierto debido a los incendios del 2003. Desde el coll sólo tuvimos que retroceder el tramo de carretera realizado al comienzo de la ruta, estirando las piernas y deleitándonos de cómo corre la bici por asfalto. En general, una ruta muy recomendable si tienes un buen mapa a mano. La zona tiene muchas opciones para descubrir la BTT.

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