Ascensión al Pic du Midi d’ Ossau ( 2.884 m )

Decidiendo nuestras vacaciones de última hora en pleno Agosto, decidimos coger nuestra Kikaapoa-furgo (¡¡Sí, sí, la furgo tuneada!!) para viajar hasta el norte de España y pasar los 6 días entre Aragón, Navarra y la Rioja, comenzando con la ascensión al Midi d’Ossau, mítica montaña del Pirineo Central de especial mención por estar fuera del principal eje pirinaico. Sin alcanzar los 3000 metros de altitud, es una de las cumbres más famosas, por ser divisable desde mucha distancia, de grandes verticales de piedra oscura que no dejan ni que se acumule la nieve en invierno.
Paraíso de la escalada, cuenta con varios itinerarios de todas las dificultades, comenzando por la Vía de Ascensión Normal, la que nosotros realizamos.
Así, dejamos el primer día la furgoneta a 1’5kms de El Portalet ( 1.794 m ), paso fronterizo entre Francia y España, y cargados con los trastos y la tienda, ascendemos los 300m que nos separan del refugio de Pombie, en poco más de 1h, en las lazadas de la ladera en dirección a la gran mole del Midi. Acampamos en la zona preparada para tal fin, justo al lado del refugio que cuenta con una fuente.
Nos levantamos no demasiado pronto (se nos pegó el saco) y temiendo el calor y la afluencia de gente, mucha de ella sin experiencia ni equipación, comenzamos a subir hasta el collado Suzon ( 2.127 m ) al que se llega rápidamente por una senda muy marcada y evidente.
Desde el collado, la vista comienza a cambiar: ya no se ven unas paredes verticales sino un gran caos de rocas y pedrera que nos alivia la impresión de esta montaña y que ya nos deja entrever dos de las tres famosas chimeneas que hay que superar, sin demasiado esfuerzo para gente con experiencia mínima en alta montaña. Estas chimeneas equipadas con barras a finales del siglo XIX han sido hasta día de hoy muy polémicas. La mayoría de ellas fueron retiradas en su mayoría en 1966, otras aún se conservan, normalmente dobladas ante los intentos de ser arrancadas a golpe de piedra por los montañeros. Visto lo que vimos, es normal que sucedan la gran cantidad de accidentes y rescates que aparecen en los periódicos locales: gente sin experiencia, en zapatillas deportivas, sin cuerda ni casco y con relativa flexibilidad y fuerza para superar las cortas chimeneas que separan las zonas llanas a lo largo de la ascensión.

PRIMERA CHIMENEA
Equipados con casco y con la cuerda, simplemente por seguridad, no por que haga falta, comenzamos a ascender el diedro encajonado y poco expuesto que comienza a unos metros a la izquierda de una placa metálica de recuerdo de algún montañero fallecido. La parte final de esta chimenea es la más complicada ya que se accede a una placa lisa de unos 4 metros donde han eliminado las 2 clavijas que había para ayudarse y se convierte en un paso de III (quizá algo más), primer obstáculo para senderistas donde se advierte de la dificultad de esta vía. (Muy fácil para escaladores, complicada para meros excursionistas)
Así, caminamos el sendero y superamos un pequeño barranco donde todavía queda alguna clavija que nos lleva a la segunda chimenea, ya divisable desde el final de la primera ya que está a unos escasos 200m.

SEGUNDA CHIMENEA
De unos 25-30m y un poco más vertical, la segunda chimenea no cuenta con ninguna especial dificultad aparte de la misma verticalidad (II) y se pude ascender bien por la grieta, bien por la parte derecha de la misma. Nosotros ascendimos por la derecha pero en otras reseñas habíamos leído que la gran afluencia de gente podía hacer que se desprendieran muchas piedras de la parte superior. Nosotros tuvimos mucha suerte al encontrar en pleno sábado del mes de agosto a unos pocos montañeros (Eso sí, de todos los niveles).
Continuando el camino que se abre en semillano por la ladera, llegamos a la base del siguiente caos de roca por el que comenzamos a trepar. Aquí, 3 de los grupos que ascendíamos, subimos cada uno por un sitio distinto (Más tarde, en el descenso, nos daríamos cuenta del camino “oficial”) si bien no ofrecía dificultad alguna ninguno de ellos más que la mera trepada. Hay que tener en mente que donde el camino se divide en 2, uno a izquierdas y otro a derechas, deberemos tomar el de la derecha hasta llegar a la propia base. (Nosotros tomamos el de la izquierda y volvimos al inicial, por no salirnos de la ruta, pero no parecía presentar mayor dificultad)

TERCERA CHIMENEA
No se trata de una chimenea como tal, sino de una grimpada, mucho más fácil que las dos anteriores, únicamente dificultada por la arenilla dejada del rastro de ascensión de tanto excursionista. Aquí no nos encordamos para subir puesto que no sabíamos siquiera que estábamos dentro de la “tercera chimenea” y al final de la misma encontramos la cruz de Portillón (2657m) que tendremos como referencia para la bajada.
Desde aquí, los metros que nos quedan los ascenderemos cómodamente por una pedrera sin mucha pendiente en dirección SO: el Rein de Pombie, llegando a la Punta de Francia (2881m). Destacar de esta zona que es un lugar que en caso de niebla, deberemos seguir estrictamente el rastro de tierrilla de la piedra que ha desaparecido por el continuo ajetreo de montañeros, pues es fácil desorientarse.
Continuamos hacia la izquierda, rodeando un pequeño resalte para trepar fácilmente a la cima principal del Midi d’ Ossau o Punta de España/Pointe d’ Espagne ( 2.884 m ) Aquí, ya con el estómago vacio, hacemos nuestro honor a la ascensión.

DESCENSO
Para el descenso, volvemos por el camino de ascenso, rapelando algún trocito de la tercera chimenea para ganar tiempo ya que la cuerda estaba ya montada de las personas que iban delante nuestro, aunque no presenta mucha dificultad para ser destrepada. Las otras dos chimeneas sí conviene rapelarlas, básicamente por seguridad, sobre todo la última (primera en la ascensión). Están equipadas con spits y cadenas e incluso se encuentran hasta 3 reuniones para no hacer cola de la gran afluencia de personas.

Una ascensión rápida y nueva por ser diferente, una gran grimpada de 3h con pasos entretenidos que te deja muy buen sabor de boca y las piernas algo entumecidas, en un paraje único y con vistas preciosas de toda la cordillera pirenaica.

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6 DIAS

6 días, 2300 km de carretera, 4400 metros de desnivel, una boda……. Con estos números en papel, Patri, Luis y un servidor nos preguntábamos si seríamos capaces, en seis días de llegar a unos de los macizos centrales de Alpes, el Monte Rosa, ascender a un 4500, ir a la boda de un amigo en Acqui Terme y volver a casa. Vaya si lo conseguimos… incluso sobre tiempo para celebrarlo la última noche, pero esa es otra historia.

Y así salimos un martes 28 de junio de 2011. 1100 km por delante, con maletas donde se entremezclaban corbatas y trajes con piolets y cuerdas, y donde cruzamos la France por Montpellier, Orange, Gap, Briançon…. Para cruzar a Italia por Susa, Torino, Borgosesia, y nuestro destino final Alagna, donde dormimos en un camping tropical, al calor de los mosquitos.

El miércoles cogimos un funicular que nos acercó “ligeramente” al refugio Gnifetti (de 1000 a 2900 m) Ya veis, en Alpes las distancias son otra cosa. Desde aquí ascendimos los 600 m de desnivel restantes hasta el mega refu, por senda nevada con magnífica traza. Muy cómodo, si no fuera por la pedazo granizada que nos cayó en la última media hora, con rayo incluido, y en donde Luis y Patri me recordaron, a Contador y Schleck jugándose el Tour.

Gnifetti es un hotel para alpinistas. Más aún si eres afortunado como nosotros y coges un día de poca ocupación para poder disfrutar de una habitación en solitario, con calefacción, y vistas esplendidas al glaciar de los Lyskamm, que te dejan sin hipo. Allí descansamos, jugamos a las cartas (donde gané como casi siempre), nos reímos de los fantoches de algunos guías, e incluso nos pusimos un poco nerviosos por perder unos guantes que felizmente aparecieron al día siguiente.

El jueves fue el gran día. Despertador no demasiado alpino, preparación de los macutos, a encordarse, y para arriba con otras cordadas. Se trata de una subida cómoda aunque larga, y donde el único obstáculo resulta ser la cordada de los gabachos y sus guías, como siempre liándola parda. A destacar el mantenido ritmo que puso Patri en cabeza, que supo llevar al equipo a una velocidad exigente sin llegar a ser agotadora.

A 4100 m aprox. se llega a un collado, donde ya se ven al este la mayoría de 4000 del Monte Rosa: Signalkuppe, Zumsteinspitze, Piramide Vincent, Dufourspitze, Parrotspitze, Lyskamm, y al oeste Suiza, con sus glaciares eternos, y el Cervino elevándose desde su base majestuosa.

Los seracs se suceden por donde miremos, y entre hacer fotos, coger aire, prevenir los peligros, siempre intento echar una mirada atrás y ver la boca entreabierta de Luis ante el entorno, me veo tan reflejado…

La parte final de la subida aprieta. Primero con una pala larga de escalones y finalmente, con una rampa de unos 35º/40º, que nos deposita en la Capanna Marguerita (Punta Signalkuppe) a 4554 m de altura.

Llegamos cansados, la ascensión y la altura se notan, y al parar enseguida notamos los efectos del frío aún estando dentro del increíble refugio, construido en un lugar inhumano (el más alto de Europa) que nos recibe con unos cafés calentitos, malos de c………pero calentitos.Ver como los mini helicópteros, se depositan sobre una pequeña plataforma de nieve de 3 m de largo, al filo de los acantilados de la cara este nos deja más helados todavía, pero hay que arrancar, pero antes nos hacemos las fotos de cima para el recuerdo posando con nuestras banderas de Okodia, Kikaapoa y La Rioja, que el viento trata de arrebatarnos.

Desde arriba se ve todo todavía más inmenso, desde los seracs, las grietas, las crestas, y ahora que ya estamos a pleno sol podemos disfrutar si cabe más del espléndido día que nos ha salido.

Afrontamos la parte final de la bajada con cuidadillo ya que la rimaya está un poco abierta, por lo que la aseguramos con cuidado, y una vez ya en el refu, decidimos quedarnos a pasar otra noche allí, ya que estamos demasiados agotados para seguir bajando. El cansancio hace mella, y se nota sobre todo en la cabeza de Patri, que tal y como ocurre en las barritas y botellas de agua, está bastante hinchada por la presión de la altura.

No está nada mal, otra noche en este bello lugar, donde nos vuelven a dar la suite (con vistas al glaciar). Al día siguiente solo nos queda bajar 600 m hasta el bendito teleférico, que nos llevará de vuelta a Alagna en un periquete.

El resto del viaje se sale de la aventura alpina pero no está mal resumirla ya que siguió siendo aventura. Nos trasladamos al Piemonte, a un hotelito en Alice Bel Colle, al lado de Acqui Terme, donde al padre del propietario, conocido como el tío Tito, nos llevó a la piscina de su chalet a refrescarnos. No podía haber nada mejor después de un ascensión alpina.

Bueno, quizá algo sí, unas pizzas y helados que disfrutamos por la noche en Acqui gustosamente, mientras tratábamos de mejorar nuestro italiano. “Excusa, la discomovile???” Bravo.

El sábado solo nos quedaba disfrutar de la boda de Davide y Anna. Aunque como somos culos de mal asiento dio para más. Por la mañana vimos el museo de ciclismo de Coppi (y los videojuegos del museo interactivos) y por la noche tras la boda, y la farinatta non stop de Luiggi, nos dio para echar alguna copichuela en Alice, que estaba en fiestas, mientras actuaban un grupo de cubanos en la plaza Mayor.

Ahí quedó todo, bueno algo quedó en la habitación también, y que gracias a eficientes gestiones de Patri, pudimos salir felizmente del hotel a la mañana siguiente para emprender una larga vuelta hasta casa…

Canales en Cambredasse: Vermicelle

Después de una larga etapa esperando la nieve idónea para subir a Francia para coger bien las canales, el 9 y 10 de Abril subimos hasta Estavar, un pueblecillo a pocos kilómetros de Font-Romeu y Llívia donde habíamos alquilado 2 mobile-homes en el camping Les Jardins d’Estavar. Desde aquí partimos el sábado a las 5h para comenzar la ascensión hasta el pie de la Vermicelle, un corredor clásico de 270m calificado como PD, asequible para todo montañero con un par de crampones y algo de experiencia en progresión invernal en el famoso circo de Cambredasse.
El día comienza con muy buen tiempo, quizá demasiado: 2º a las 5 de la mañana no nos dejan indiferente porque sabemos que a principios de Abril la nieve ya está muy blanda y hay que darse prisa y tener cuidado con donde ponemos los pies.

Subiendo por las pistas de esquí de Eyne, la aproximación de unos 800m de desnivel resulta evidente: sólo hay que levantar la vista para visualizar el imponente circo. Marcado un camino con señales blancas y naranjas, ascendemos por el bosque hasta llegar a un altiplano de grandes rocas (La descomposición del circo) donde progresamos con cuidado para no hundirnos entre ellas. La nieve está mejor de lo que esperábamos y aún con un viento considerable, conseguimos llegar a la base de la canal con relativa facilidad. El ascenso resulta rápido: siendo un corredor de 45º, quitando el tramo de salida, se puede progresar sin aseguramiento. Puesto que entre nosotros hay personas menos expertas, decidimos progresar en ensamble.

La subida no presenta ninguna dificultad: la nieve está en perfectas condiciones aguantada por la sombra perpetua de este estrecho corredor en cara norte y hay suficiente manto para no ver ningún resalte de roca. Los puntos de aseguramiento también parecen claros. ¿La mejor anécdota? ¡El sistema de escalada y anclaje en artificial que tuvo que montar Carlos para poder sacar 2 friends que Jordi había puesto y que no salían ni por asomo!
La salida del corredor si bien se empina hasta los 55º-60º no presenta la característica cornisa que se suele formar en este circo y que eleva el nivel de dificultad de las canales adyacentes Gigoló, Eclair… La llegada al final la hacemos con un solano de impresión y ya pensamos que la bajada será puro suplicio. Afortunadamente aún aguantó la huella dejada por todos los esquiadores y montañeros que habíamos subido a la zona.
Si preguntamos a Carlos, Jordi, Luís o David por el mejor momento del día, sin duda nos relatarán la bajada por la canal central (30º -40º), piolet en mano y con el trasero en tierra, deslizándose canal abajo a 30kms/h. La alternativa a esta rápida bajada es la carena que une la zona oriental del circo con las pistas de esquí.
Y para poner la guinda al finde mientras los demás disfrutamos de una bonita excursión por Las Gorgas de la Carança (ver descripción en DEANDAR) , Luis y Carlos deciden volver al circo al día siguiente para realizar la Gigoló, misma aproximación y parecida pendiente si no llega a ser por la dichosa salida de la cornisa. Pero ésa es otra historia 🙂

Vía Estasen al Pedraforca.

Año 1928. Luis Estasen, el mejor escalador de la época y un mito dentro del montañismo catalán anda decidido a encontrar una vía que recorra la cara norte del Pedraforca, la montaña por excelencia de Cataluña. Tras carios intentos en balde, el 30 de junio, un grupo de 4 hombres, guiados por el magnífico Estasen, consigue enlazar los itinerarios que habían conseguido abrir desde abajo y desde arriba (habían ido descendiendo desde la cima del Calderer destrepando y rapelando en varias ocasiones) a través de un flanqueo tan genial como atrevido, que hoy en día sigue poniendo los pelos de punta a quien lo intentan.

Año 2010. Tras ver el vídeo recreación de la primera ascensión al “Pedra”, un deseo se apodera de mí, repetir esa vía clásica entre las clásicas, e intentar revivir las emociones que pudieron vivir aquellos primeros escaladores, aunque las situaciones sean tan distintas: pies de gato frente a espardenyas, cuerdas super ligeras y resistentes frente a cuerdas de cáñamo, ropa de fibras frente a ropa de lana… y sobretodo tener una reseña e información precisa de lo que nos vamos a encontrar frente al desconocimiento total del “enemigo”, aventura pura, alpinismo en esencia.

Para afrontar el desafío, no soy nada sin un buen compañero de cordada, un amigo dispuesto a aguantar horas de fatiga en la pared, que me asegure largo tras largo, hasta en 14 ocasiones, y que sobretodo confíe en mi 100% en cada momento. Ahí estaba Luis, tan aventurero como insensato, al igual que otro que yo se me, para apuntarse a la juerga.

Llegamos al refugio Estasen (en homenaje a está claro quien) casi anocheciendo del sábado 2 de octubre. Mientras cenamos ya a oscuras, aparece un trío de escaladores que vienen de hacer la vía. Sus caras lo dicen todo, sin preguntarles mucho. Se les ve satisfechos, pero en el fondo, muy en el fondo, porque llevan unas caritas de no haberlo pasado demasiado bien al final. Reafirmamos lo que sabíamos, la vía es muy larga. Así que tras dejarles Luis llamar por teléfono, ya que tenían un compañero sin localizar y verificar en el exterior donde empieza nuestro camino del día siguiente nos vamos a la cama.

A las 06:00 arriba, así que la aproximación la haremos caminando de noche con nuestros frontales para ganar tiempo. Con fácil orientación en general, en hora y media nos plantamos ante las primeras dificultades, un largo de III grado, fácil de superar que tras 20 min. más de caminar nos deja en el principio en sí de la vía.

La vía empieza con 3 largos bastante verticales, con dificultades similares, entre el III+ y el IV grado, sencillos de superar como toda la vía en general, que no supera algún paso de IV+, pero que enseguida empieza a dar una sensación importante de vacío tras nosotros.

El IV largo es sin duda, el paso clave de la vía. Un flanqueo totalmente horizontal, donde comienzas por una repisa muy ancha y poco a poco se va estrechando y estrechando, hasta que el muro de roca gira, se acaban los pies, pierdes de vista a tu compañero y debajo de ti hay una caída de más de 200 metros. Es el momento de templar los nervios. Al fin y al cabo es el momento que quería vivir. Ahora es cuando me viene a la mente Estasen, el primero que hizo este flanqueo sin saber adonde iría a parar. Mientras busco donde poner una baga para asegurarme, veo su famoso pitón, clavado profundamente en la roca durante 82 años, y siento al anclarme a él, que cuando puso ese pitón, Estasen sabía que lo había logrado y que saldría por el otro lado.

Llegado a la reunión, aseguro a Luis, que pasa con temple y aplomo, mirando cada paso y llega hasta donde estoy, sabiendo que hemos pasado el punto de no retorno. Superado este punto, más nos vale salir por arriba sino queremos pasarlo mal tirando rápeles por las inmensas paredes de la cara norte.

A partir de aquí, salimos a “El Jardín”, una zona sencilla, que parece mentira esté situada en medio de lo que le rodea, donde progresamos muchos metros al ensamble, tras ser todo rampas de I y IIº.

Tras éste, y quedarnos alucinados con las vistas de la inmensidad de los muros de la cara norte y su Catedral, la Canal del Riambau, vemos como la gente de la cima nos mira desde muy lejos todavía, sin saber que pensarán de nosotros, diminutos en medio de la nada.

Un largo complicadillo, donde me lío y me meto a escalar un V+ o incluso un sexto, me hace recordar que no puedo perder la concentración, así que tras pasarlas apuradillas retomamos el buen camino y salimos de las zonas más complicadas. De aquí hasta la cima ya solo nos quedan ir echando largos que aunque sencillos, no se pueden hacer sin asegurar, ya que la caída sería fatal, además del peligro de piedras constantes que caen en esta zona.

Finalmente, tras casi 7 horas metidos en la pared, llegamos a la cima del Calderer, en medio de una abrazo, de esos que sellan una gran victoria. Rapelamos un largo, descendemos por las cadenas puestas, y enseguida alcanzamos la vía normal de ascenso al Pedraforca, que en hora y media de bajada por la famosa tartera, destroza gemelos, nos lleva de vuelta al refugio, donde llegamos a las 18:00 aprox. 12 horas en total desde que salimos de este mismo lugar. Brindis a lo grande, y recompensa eterna.

Ahora más que nunca esta vía irá unida a un nombre, Luis. Un Luis que tuvo un sueño y me lo trasmitió, y otro Luis, que hizo que este sueño pudiera convertirse en realidad. Gracias a los dos.

Dome de Neige, Ecrins (Alpes). Nuestro primer 4000

Domingo 13 de junio de 2010.

Llega el momento grande de las vacas. Si algo nos venía a la mente cuando estábamos en casa pensando en el viaje y en Los Alpes eran sus cuatro miles y sus glaciares, y aquí nos encontrábamos, llegaba la hora de “enfrentarnos” a ellos.

En el Parque Nacional de Ecrins solo hay un cuatro mil, bueno dos, unidos por un pequeño collado, son la Barre des Ecrins y la Dome Neige. La subida desde el Parking de Pre Madame Carle, lugar donde dejamos el coche y preparamos los macutos a tope de capacidad, gana metros rápidamente hasta el refugio de Glaciar Blanc, donde se obtienen magníficas vistas del lugar donde muere el glaciar que lleva su mismo nombre.

Lugar idóneo para almorzar tras 3 horas de ascensión, en este refugio es donde se acaba el camino para los excursionistas, y empieza el glaciar en sí mismo. Aunque el camino que nos debe llevar hasta el refugio de altura de Ecrins es sencillo aparentemente, vamos con tiempo de sobra, ya que no sabemos los posibles peligros que nos vamos a encontrar al entrar en un terreno muy desconocido para nosotros.

Finalmente, tras 3 horas de subida desde el anterior refugio, llegamos al refugio de Ecrins, disfrutando a veces de las maravillosas vistas del glaciar y en otras ocasiones, aligerando el paso ante la amenaza de bloques de roca que oímos como se desprenden, y que en una ocasión no pasaron a más de una decena de metros de mi cabeza.

El refugio de Ecrins, situado en un promontorio 100 metros por encima del glaciar (100 metros más tiesos que Patri en la escupidera) es ciertamente acogedor. Allí nos relajamos, y compartimos mesa con otros grupos que ya descansan para la larga jornada que nos espera mañana. En total seremos 5 cordadas. Cena a las 19:00 a base de cocido hipercalórico y al sobre, tras entrarnos la risa cuando el guarda nos dice que nos despertará a las 3 de la mañana.

Tras una mala noche, muy calurosa, y supongo también por no estar acostumbrados a dormir a 3100m, desayuno y preparación del material. A las 04:00, con todo el material puesto, y encordados desde dentro del refugio, el momento de abrir la puerta, y percibir como entra un viento helado, mientras los frontales alumbran en el exterior la nieve que cae, no tiene precio.

La sensación de andar a oscuras en medio del inmenso glaciar, iluminados únicamente por nuestros frontales, atravesando continuamente grietas, y viendo como poco a poco comienza a amanecer desde un lugar tan puro, llena de ánimo para una jornada tan larga como nos espera.

La subida en primer lugar es suave, pero enseguida se alza una pala de entre 30 a 35 º de inclinación sostenida, que nos llevará hasta la cima. Esto no quiere decir que sea fácil, ya que además de la nieve blanda, se suceden los lugares donde hay que prestar atención máxima, pasando cerca de grandes bloques de seracs y varias rimayas. La niebla espesa se cierne sobre nosotros y da que pensar sobre si seguir o no. Delante nuestros va una pareja destacada, luego un guía con dos clientes, a continuación otra pareja que decide darse la vuelta,  seguidamente dos polacos, y por último nosotros dos. En total 5 cordadas, de las que 4 triunfaremos.

Tras casi 6 horas de duro ascenso, especialmente de los 3800 a los 4000 metros, donde teníamos que parar a respirar cada 10 pasos dados, llegamos a la cima, exhaustos, como nunca antes. Estamos en la Dome Neige, nuestro primer 4000. Fotos, vistas de todos los Ecrins, y al fondo del Montblanc, abrazos con los polacos como si fueran colegas, y para abajo que queda mucho.

La bajada es lenta, con nieve ya muy blanda, y con mucho cuidadito al cruce de la rimaya principal, que por suerte aún esta cerrada. Chino chano seguimos bajando los 2100 metros de desnivel que nos separan del parking, donde llegamos a las 18:00, tras 14 h de bacalao casi sin parar, pero con la satisfacción de poner en nuestro currículo nuestro primer cuatro mil, la Dome Neige.

3 días por los Maladetas

Aprovechando la 2ª Pascua en Barcelona, nos fuimos 3 días a los Maladetas. El objetivo principal era subir al Aneto por el valle de Vallhibierna y allí que nos lanzamos a la aventura el sábado a mediodía. Tras subir en coche (menos mal) la bonita pero larga pista hasta el refugio de Pescadores, preparamos el macuto para 2 días: piolet, crampones, raquetas, sacos, esterillas, tienda, comida y hornillo, cascos, arneses, hierros…

Armados hasta los dientes, iniciamos la marcha, llegando hasta la famosa platea del Ibonet, lugar que marca el límite entre los frondosos bosques florecidos del valle y el comienzo de las grandes cumbres todavía con un aspecto muy invernal.

De ahí hacia arriba, todo ya muy blanco, proseguimos la marcha pasando por los sucesivos Ibones hasta llegar tras 4 h al Ibon Superior, donde pasamos la noche.

El cansancio y dolor de  espalda por la pesada mochila queda fácilmente olvidado por el lugar en que nos encontramos. Plantamos tienda en uno de los rincones más bonitos del Pirineo, donde los Ibones ocultos bajo el hielo, y el Aneto al fondo nos desean buenas noches mientras el sol se pone lentamente al oeste, en un anochecer que no llega a serlo del todo.

Al día siguiente, suena el despertador a las 05:30, legañas, dolor de espalda y cuello, frío, no es el momento más agradable de la travesía pero no toca otra que alzar el campamento, el Aneto nos espera 700 m más arriba. La subida por Collado Coronas se hace agradable, aunque dura, sobretodo por la presencia de nubes tan bajas  que no nos dejan ver más alla de 5 m en algunos momentos.

En unas 3 h llegamos al paso más famoso del Piri, Mahoma. Nos encordamos por precaución al estar algo helada la roca y pasamos sin problema. Sorprendentemente no hay nadie en la cruz, así que aprovechamos para hacer la foto de rigor y vuelta al Paso. Ahora sí sube mucha gente y además hay que aligerar antes de que la nieve empiece a transformar demasiado.

Bajamos por el mismo sitio, recogemos tienda, y vamos dejando atrás uno por uno los Ibones que nos llevan de nuevo al bello y florido valle de Vallhibierna, adonde llegamos a las 17:00 al coche con ganas de bebernos el río entero.

Trekking por el valle de Estós.

El lunes buscamos un trekking bonito pero sencillo, más que nada para soltar piernas. El valle de Estós fue ideal. Con toda la primavera en su esplendor, hicimos la ruta que lleva hasta el refugio del mismo nombre que el valle, rodeado por 3000 miles en todo momento, desde el Perdiguero a nuestro lado derecho, hasta el Macizo de Posets al izquierdo.

Lo marcamos en el libro de ruta para la próxima vez que vengamos a Maladetas conocer en mayor profundidad sus rincones.